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La historia de la niña de ojos pardos

La historia de la niña de ojos pardos

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Se rascó la cabeza. Es molesto, pensó. Probablemente es psicológico, nadie me ha comentado nunca que le molestase. Todos lo tienen como yo.
A la gente le encanta poseerlo, yo lo detesto. ¿Y si un día me lo roban?
El valor de los pensamientos es un bien en alza, un bien que ha pasado de ser privado a público. En cualquier momento puedes ser llamado al “Instituto de las Ideas” para ser revisado, para ser leído, intimidado, humillado o aclamado.
Pero yo no quiero ser humillada, ¡no!, mis pensamientos deberían ser sólo míos; cuando me llamen, porque en algún momento de mi vida lo harán, también leerán esto y ¿qué ocurría?

–Luz, despierta –susurra una voz– ¡Luz! –el tono de voz es más elevado y contundente. Luz abre un ojo de color verde pardo.
–Intuía que estabas despierta –sonrió su madre tiernamente –hoy no vas al colegio, tenemos una cita en el “IDI” (como se le llama comúnmente al Instituto de las Ideas). Me acaban de llamar, en fin, prepárate. Voy a hacerte tu desayuno favorito.

El edificio no es gris y feo, sino lucio y brillante con sus letras doradas dando la bienvenida, queriendo dar a entender que ese lugar es especial. Pero especial ¿en qué sentido?, se pregunta Luz.
En mi opinión, es especialmente intimidador y frío, se dice a si misma.
Luz entra, mientras su madre se queda fuera, se despide con una ingenuidad que inundan sus ojos, ella no conoce lo que esta organización hace a sus espaldas, ella como muchos seres humanos no creen lo que otros sí saben. El instituto es una fachada para un interés político y mundial escondido en ambiciosas manos.
Luz camina segura, decidida, sin miedo. La inseguridad que la hizo despertar se ha transformado en curiosidad. Curiosidad por saber cómo extraerán cada parte de ella.

En el año 2022, apareció el primer fármaco con un mecanismo capaz de retener pensamientos, una novedad realmente esperada. Un mecanismo capaz de albergar no sólo recuerdos pero ideas, ideas que no siempre podemos plasmar en papel o visualizar pero que nos resultan importantes, ingeniosas, e incluso peligrosas, en algunos casos.
Este singular producto ha sido el más vendido en toda la historia hasta el día de hoy.
Mediante unas gotas que se ponen directamente en los ojos, afecta e interactúa directamente con el cerebro. Gotas formadas por nanorobots, las cuales al colocarlas en los ojos emigran por el nervio óptico hacia el cerebro. Son capaces de reconocer cuando hay un pulso de energía, se localizan donde las ideas, recuerdos y la memoria se ubica; simplificando te conviertes en un transmisor.
Al principio fue un invento que sólo los más ricos podían permitirse, al cabo de pocos años estaba al servicio y al alcance de toda la población, de todos los niveles económicos.
Los efectos secundarios, no en términos físicos sino psicológicos, ha llevado a los propios seres humanos a cometer actos espeluznantes con distintos fines, desde genocidios hasta revoluciones, y es así como este revolucionario invento cambió el curso de la historia.
Lo cual derivó en el siguiente resultado, todos los gobiernos existentes sobre la tierra acordaron crear una ley común para el planeta Tierra.
La ley dice que estas gotas deben ser colocadas en cualquier ser humano con un control exclusivo y único por parte del gobierno para poder así asegurar una paz mundial. La ley incluye distintas cláusulas como que el gobierno tiene el derecho de saber y ver todo lo que ocurre en cada mente; es decir, no sólo el propio usuario puede ver reflejado (si tiene los medios para extraerlo) sus propios pensamientos, sino que el gobierno tiene la obligación y libertad de hacer lo propio.
El hecho de que prácticamente toda la humanidad viva sumergida en el terror ayuda al fácil manejo de la población; además de que el convencimiento de la sociedad de la necesidad del empleo de este fármaco para su seguridad es vital para que los gobiernos de la Tierra puedan proseguir con su tarea de vigilancia y escaneo riguroso de cualquier ciudadano del mundo.

Debido a las circunstancias y el condicionamiento en la que la sociedad actual se encuentra sumergida, resulta natural que la madre de Luz desempeñe su rol de ciudadana perfecta, asumiendo e incluso apoyando la decisión de evaluar severamente la posibilidad de que su hija resulte un peligro público y mundial. Y en ese caso dispuesta a que el Instituto de las Ideas lleve a cabo las medidas pertinentes.

Luz ensimismada en sus pensamientos, todavía desconocía qué método empleaban para extraer la información, ni qué hacen con esa información ni con la persona en cada caso. Poco después de su nacimiento se prohibió hablar de ello, nadie que haya estado bajo estas circunstancias está autorizado a difundir su experiencia. Todo lo que ella había escuchado eran rumores.

Una máquina le solicita que abra sus verdes pardos ojos y a través de ellos confirman si es la persona esperada. Así es, la segunda puerta se abre y no mira hacia atrás. Se dirige hacia la cuarta planta, señal 212. Una pantalla enorme hace de pared. En la pantalla aparecen escritas instrucciones.
Empieza a desnudarse, es el primer requerimiento, sin nada con lo que poder cubrirse.
Ha de entrar a una habitación esterilizada y todo lo que provenga del mundo exterior ha de eliminarse. Coloca todas sus pertenencias en una caja que desaparece tras una nube de humo.
La pantalla se convierte en un camino que ha de recorrer virtualmente con toda su desnudez, los pasos dan lugar a zancadas, y de pronto se encuentra trotando con el pulso cada vez más acelerado. No me gusta correr desnuda, piensa. Es incómodo, mis pechos a pesar de no ser grandes me molestan al agitarme, mis muslos casi se rozan entre sí a pesar de mi delgadez mientras siento mi pelo pegajoso en mi espalda.
¡Por fín!, la pantalla le indica que ha terminado el ejercicio de forma exitosa, casi no puede respirar pero al menos ha acabado.
Un cajón aparece sin aviso, dentro de él una pequeña jeringuilla.
Las instrucciones son sencillas: pínchese, acuéstese y espere. Una camilla sobresale en ese mismo instante de la pared de enfrente.
Indignada y frustrada sigue cada una de las reglas que le indican.
Mientras espera, se desespera, no tiene la menor idea de qué va a ocurrir. Mientras divaga en la pantalla aparecen sus pensamientos, sus memorias, está realmente avergonzada. ¡Esto es mío!, ¡Sólo mío! ¿qué derecho tienen a arrebatármelo? ¿a analizarlo?, se pregunta a sí misma.
Ella es consciente de que detrás de esa pantalla se encuentran personas observándola, evaluándola como si de un objeto se tratara, no de un ser con sentimientos e ideas propias.
De eso se trata, está ley lo que pretende es que no haya ideas propias, que ese concepto de propio e íntimo desaparezca. ¿O ya lo han conseguido y por eso mismo yo no puedo ser parte de esta sociedad? ¿o soy yo la que estoy rota?, su cabeza aborda un interrogante tras otro.
Tras unos pocos minutos, la pantalla se torna blanca, ya no hay ideas. Luz pierde la consciencia.
Cuando la recupera, ya no es ella, su infancia es otra, sus recuerdos no son los que ella creía tener.
Lo que se ha implantado en su mente es en lo que se ha convertido. Siente que está es la vida que le ha pertenecido, ser una prostituta, no tiene dudas, se mira al espejo y se ve, es ella: Luz, la chica más cotizada.

–Luz, despierta –susurra una voz– ¡Luz! –el tono de voz es más elevado y contundente. Luz abre un ojo de color verde pardo.
–Intuía que estabas despierta –sonrió su madre tiernamente –hoy no vas al colegio, tenemos una cita en el “IDI”. Me acaban de llamar, en fin prepárate. Voy a hacerte tu desayuno favorito.
–Ya lo sabía –respondió Luz.
–¿Cómo vas a saberlo?
– He viajado al futuro a través de los sueños, hoy dejaré de ser yo.

“Tal vez tengo el potencial de convertirme en la líder de una organización terrorista, o tal vez líder de una liga rebelde para acabar con este lavado de cerebro que tenemos la obligación de usar como un accesorio para nuestra vida. Tal vez mis Ideas son tan poderosas que ni ellos podrán matarlas.
Tal vez podré ser una amenaza en su mundo controlado.

Tal vez, alguna vez”.

Tú eres mi inspiración, mi niña de ojos pardos.

 

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