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A veces, hacemos las cosas más difíciles de lo que son, pero quizás es la forma que necesitamos que ocurran para aprender, darnos cuentas y poder hacerlas en otro momento más fáciles. 

He pasado estos últimos días en Maldivas, otro paraíso maravilloso con sus pros y sus cons como cualquier lugar y persona.

Fui a un restaurante a cenar y me ocurrió algo anecdótico que te quiero contar para ilustrarte que atreverse a ser una misma es el mejor regalo que nos podemos hacer.

Llegó la hora de querer marcharme a descansar y fui a pagar. Entregué mis dólares   y estaba girándome para marcharme cuando uno de los camareros me dijo:

– “Wait madam, este billete no vale”

“¿Cómo que no vale?”

“Tiene una rotura y no vale”

“¿Perdona? el dinero es dinero” -le contesté-.

No madam, este billete no es válido, tiene un pequeño corte y tiene que pagar con otro.

Con mi cara de estupefacción proseguí: “Es un billete perfectamente válido, estoy cansada y me quiero marchar; además, este billete me lo ha dado alguien en la isla, con lo que si valía para que me lo diesen a mí como cambio, es válido para pagar también”.

Me giré y comencé a caminar alejándome del restaurante. A este camarero, se unió otro, y comenzaron a perseguirme. Reclamando que no había pagado y parecía que estaban llamando a alguien, quizás la policía pensé.

Madam tiene que pagar -continuaba diciéndome mientras seguían mis pasos-.
Ya he pagado, gracias. Esto no está bien y me siento acosada, así que deja de perseguirme -le insistí-.

Mis pasos no se aceleraron, por dentro estaba algo nerviosa pero en mi fuero interno estaba en sintonía con mi acción. Me sentía coherente, lo que me perturbaba era lo externo, las creencias y normas impuestas que yo siento muchas veces injustas.

En alguna curva, tras varios minutos, los chicos desaparecieron. Llegué al hotel un poco preocupada pensando si llamarían a la policía o esta acción tendría alguna repercusión.

Conforme entré me topé con una de las organizadoras de este retiro donde yo he ido como Profesora de Yoga y Filosofía. Le comenté brevemente lo ocurrido y reaccionó en un tono de básicamente “no hagas las cosas difíciles, eso no se puede hacer aquí, y de verdad tengo cosas que atender así que no me crees un problema”.

Le contesté que no se tenía que preocupar que se lo contaba como anécdota y sorpresa no para que tuviera que interferir en absoluto.

En cierta forma la entendí. Comprendía que para ella la cuestión era:
“¿Por qué no lo haces fácil?”

Me explicó, porque yo no lo sabía, que no aceptaban billetes que no estuviesen en perfectas condiciones.

Sin embargo, mi diálogo mental en aquel momento era: mis principios no están en venta; no voy a priorizar la imagen que doy o que se da por “hacer las cosas de forma correcta de acuerdo a otros”, y si alguien que no tiene más dinero le exigen esto mismo, esto no tiene ningún sentido, y algún que otro pensamiento más.

Como bien sabéis, tiendo a reflexionar sobre la vida, y mi comportamiento ante ésta como forma de crecimiento. Por supuesto, esta vez no iba a ser diferente.

Al quedarme con una sensación de inquietud, al día siguiente decidí compartirlo con una de las personas más sabias que conozco que es mi Hermana y con una de mis mejores amigas. Ellas siempre me dan otra visión, independientemente de que la acoja o no, me dan otra visión que me hace expandir mi mente.

Tras las conversaciones, mi sentir fue mutando a algo diferente.
¿Se trata de principios o de tozudez?
¿se trata de atreverme a actuar según mi coherencia y no las directrices que están impuestas si éstas no son justas a mi parecer?
¿se trata de llamar la atención?
¿se trata de aún sabiendo que a veces es más difícil arriesgar mi paz por estar en “lo correcto” según mi visión?

¿de qué se trata?

Curiosamente, a los dos días, llega la organizadora y me dice mira,
¿Sabes qué tenía en la mano?
El billete de 10 dólares, nada más y nada menos, habían detectado que era parte de un grupo y que ese grupo se alojaba en tal sitio y la buscaron y reclamaron los 10 dólares. Y por supuesto, le devolvieron el supuesto billete defectuoso.

A menudo, esto da para un debate que puede en diferentes direcciones.
Una de las cosas que me quedo es la de que para lo que una persona puede resultar fácil, para otra es de lo más complicado.

Podría parecer que lo fácil hubiese sido en el momento en el que se me reclamó haberle cambiado por otro billete. Por el contrario, y si lo difícil es precisamente eso cambiarle el billete porque es renunciar a un principio (o quizás a una creencia).

En definitiva, las cosas no son difíciles o fáciles, las cosas vienen y tenemos un margen de maniobra, de reacción y actitud; y mucha más de la que somos conscientes.

Las cosas se pueden hacer de muchas maneras, y en vez de juzgarnos y juzgar a los demás, te invito a que las hagas de la manera que esté en coherencia con tu pensar, actuar y sentir.
En ese caso, te atreverás a no gustar por tus acciones pero a vivir en paz con ello. Te atreverás, a hacer las cosas a tu modo y asumir las consecuencias.
Te atreverás a mirarte y decidir si quieres seguir con esa actitud o te beneficiaría otra distinta.

Atreverte a ser tú es el mayor regalo. 

Estas cartas tienen la pretensión de cuestionar nuestras creencias, si dejamos de cuestionarnos podemos caer fácilmente en el dogma, en vivir en base al criterio ajeno, y en alejarnos de nuestro centro.

Me despido con Krishnamurti:

“Estar adaptado a una sociedad enferma no es un buen síntoma”

El atrevimiento de ser tú exige incomodidad.
Exige a veces insatisfacción e inconformidad.
Es el precio que pagas por actuar libremente.
Cuanta más libertad tengamos y atrevimiento para ser una misma, más forzadas nos encontraremos a re-evaluar nuestros principios y creencias.

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