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Me he acostumbrado a escribirte cada domingo o cada sábado, depende. Y la carta te llegaba los lunes en las últimas 6 semanas porque estábamos con el reto de Meditación con un propósito semanal.
Siempre te escribo con lo que me acontece, no me lo invento o pretendo sorprender, sino que dejo que me explote desde adentro.

 

A veces, parece todo más poético y otras más sobrio. Lo que siempre es, no puede de dejar ser Auténtico.

 

¿Te gusta recibir estas cartas? A mí me encantará saber si es así o si no las lees. Si no las lees probablemente ni me contestes, pero es lo que tiene ser Libra que siempre das las dos opciones, o más, aunque sepas que algunas no tienen sentido, sólo quieres una confirmación.

 

Tampoco es que yo esté muy en sintonía con el tema de la Astrología pero qué se yo, igual tú sí y ahí te he dado en el corazoncito.

 

Por cierto, no sé si habías escuchado este Podcast que tiene mucho jugo que grabé con una antigua amiga Fran que se dedica a la Astrología en la que yo ofrecí mi perspectiva Filosófica, aquí te lo dejo:

https://open.spotify.com/episode/5RCz1GyqwRpwZA6JAmBMXg?si=be67839dcc814050

 

Vuelvo al curso de la carta…

 

El otro día compartía en instagram -a veces también quiero que desparezcan las redes y que nos escribamos todos por mail, o carta, o que nos veamos y listo- continúo…

 

Compartía que me estoy preparando para algo que no he elegido pero que me ha tocado.

 

Lo que está en mi mano es mi actitud, la preparación previa, qué alimento y cómo lo hago.

 

A veces, como aquella noche, tengo pesadillas y me despierto con taquicardia, a veces llorando, otras con miedo que me acecha y ensombrece.

 

Entonces, me veo aquí vagabundeando en el mundo, en lugares remotos, o buceando entre tiburones y tengo la certeza de que todo irá bien, que los tiburones no me comerán, que si me pierdo en la noche estrellada encontraré un paisano que me ayude, que cuando me siento bajita de ánimos las personas que me quieren me abrazan y aceptan tal y como soy.

 

Descubriendo que esas pesadillas que me dicen “mira lo que te ha pasado, esto es una mierda, tú eres culpable” no son reales.

 

No son reales, como que yo no soy eso que “ellos” creen que soy, porque no hay un ellos y un yo. Eso sería alimentar la consciencia de separatividad, de aislamiento.

 

Ese diálogo nos hace sentir solas, aisladas y arrojadas a la existencia sin brújula ni mapa.

 

En cambio, conecto con lo profundo que hay en mí. Que hay en ti. En cada una de nosotras. A través de estar en sintonía con la naturaleza, dejándome empapar por cada amanecer que me hace sentir agradecida por un nuevo día, por cada práctica que me ofrece el suelo fértil de plantar y crecer un nuevo diálogo interno, de las olas del mar que a veces me hacen flotar y otras me arrollan y me despiertan viviendo presente.

 

Cultivo la confianza básica en la vida.

En la confianza no hay medias tintas, no confías un poco.

O confías o no confías. 

 

Cuando estoy en ese lugar inquebrantable entonces me nace una compasión a la vez que un egoísmo noble en el que como diría la Biblia “Señor perdónalos porque no saben lo que hacen” o Sócrates: “han olvidado quiénes son, son ignorantes, están ciegos ante la verdad”.

 

Decido y me nutro cada día para confiar por muy turbio que se vea a veces, confío.

 

No confío en el sistema, confío en mis recursos, y en la vida. 

En que tengo y tendré todo lo que necesito para afrontar cada paso. 

 

Confía, y sigue caminando el camino cada día.

 

«Ante obstáculo, oportunidad de virtud».

Séneca
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