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Elogio a la Lentitud

Es fácil perderse en el culto a la velocidad en el que nos atrapan los compromisos diarios de la vida. En cualquier dimensión de nuestra vida, como por ejemplo querer hacer la compra mientras atiendes una llamada, y gestionas la agenda laboral.

Se ha convertido en un estándar social para todo el mundo.

Estás en la cola del supermercado, y oye no te atrevas a estar tranquila, hay que ir a toda máquina, porque sino además la cajera podría llamarte la atención de “mira que cola estás haciendo”.

Esta situación me pasó como la estoy describiendo.
Recuerdo mirar a la cajera, sonreírle y decirle: yo es que no tengo prisa y me estreso muy rápido.

Ella me contestó de nuevo: perdona es que estás haciendo mucha cola.
A lo que le respondí: ¿Te dan comisión por clientes atendidos?
No me contestó, probablemente se enfadó, mientras yo seguí a mi ritmo.
Personas en la cola comenzaron a quejarse.

Imagínate que ahora eres tú una de las personas de la cola: ¿cómo crees que sería tu reacción?
Seamos honestas, probablemente, casi todas diríamos “pero ¿qué demonios le pasa a esta chica? tengo prisa y quiero salir de aquí cuanto antes”.
Esa misma reflexión, quizás parecida, llévatela a cualquier otra circunstancia de la vida.

Hemos aprendido que esperar es el equivalente a perder el tiempo, y que además hay algo que se nos está escapando constantemente.
Con lo que no sólo no quiero esperar sino que tengo que hacerlo todo a la máxima velocidad.
¿Qué se nos está escapando? ¿adónde vamos tan rápido?

Para terminar la historia con la cajera y no dejarte con ese mal sabor de boca, te cuento cómo acabó.
Cuando ya estaba gestionando el pago, y le iba a entregar la tarjeta, usé ese momento para sostener su mirada y decirle: “realmente tú no tienes prisa, estás haciendo tu trabajo y yo agradezco mucho la paciencia que has tenido conmigo, ha sido muy agradable poder hacerlo a mi ritmo”,
Ella me sonrió. No puedo leer el pensamiento pero sí sentir a las personas.
Y la sentí.

No pretendía dar una lección, sin embargo, poder posicionarme en el lugar que siento que me da paz es una prioridad para mí.
Y la Lentitud me da PAZ.

Antes me desesperaba porque estaba sumergida en el tengo que hacer todo esto y tiene que ser ya.
La realidad es que hay muy pocas urgentes en la vida, la mayoría están en la columna de importantes o irrelevantes. Antes de decirme sí o no, piénsalo de verdad.

¿Puedes comer más despacio ?
¿Puedes hablar más lento?
¿Puedes moverte más suave?
¿Puedes pensar antes de contestar?
¿Puedes observar tu respiración y ver como tu pulso se calma?

Con que cada día prestes atención a una o distintas áreas de tu vida, los cambios se irán dando. No tengas prisa porque nazca en ti un Elogio a la lentitud inmediato, eso no va a ocurrir, pero si lo observas y cultivas, la vida en sí misma como la percibes cambiará su ritmo y tú serás el creador o la creadora de ese comas.

Dice mi amigo Agus que las personas felices no tienen prisa; y te invito a que observes a personas que consideras que viven en paz, y con cierta armonía, seguro que no tienen prisa.

Últimas dos notas:
1. No tener prisa no significa no ser proactivo, o explosivo en ciertos momentos, como la metáfora de ir a coger una ola o hacer un pino.
2. Recibiréis próximamente otra carta continuando la de Vivir desde el Corazón, que se que estás esperándola 😉

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