fbpx
Hola y gracias a ti que me lees:

Hoy tengo dos cosas importantes que contarte:

Por qué no habrá cartas semanales
y
Qué es el asesoramiento filosófico a diferencia de las psicoterapias 

Hay un curso en la escuela (MI TEMPLUM) que se llama así: Menos es más: La práctica de Ashtanga con Nita Miralles, que me parece una pasada por cierto.

¿En qué momento se me olvidó que menos es más?

En muchos.

Hace una semana se me olvidó por completo que estaba comprometida a escribir mi carta semanal…no me acordé hasta el martes.

Quería comunicarte personalmente una decisión que he tomado; por ahora no vas a recibir más cartas semanales con profundidad y expansión porque es importante priorizar y ahora mis prioridades son varias, y aunque escribir es una, lo voy a hacer de forma más efectiva para mí y así seguir ofreciéndote lo mejor; esto se traduce a escribirte una carta al mes. Menos será mucho más en este momento.

Sólo una, pero que sea magnífica y no me suponga estrés o compensación de otras actividades y paz mental. Seguirás recibiendo noticias y novedades que se den paralelamente a esta carta mensual.

El 2023 ha sido un año para mí estresante a muchos niveles, algunas cosas elegidas por mí y otras que me han venido sin tener poder sobre ello, porque la vida no te pregunta, la vida se da, aparece y desaparece en su forma impermanente, impredecible, incómoda y maravillosa a la par.

De cualquier modo, he tomado responsabilidad haya elegido o no lo que venía. Desde esa responsabilidad tomamos el poder, un poder único y  exclusivo que habita en cada unx de nosotrxs. Sobre esto y el victimismo trataré en alguna de las próximas cartas, sin lugar a duda, ya que ha dado para un debate incluso en Instagram, aunque en mi opinión ese no es lugar para debates ya que el espacio es muy limitado.

Por eso mismo, me apasiona ofrecer esos espacios donde conversamos, reflexionamos, nos sentimos, debatimos, exploramos, estudiamos, en mis cursos de filosofía, y acompañamiento, o en retiros y encuentros.

Por otro lado, cierro algunas cosas pero abro más espacio para otras:

Abro 3 plazas para Asesoramiento-Acompañamiento Filosófico (no es terapia, pero sí es un proceso absolutamente terapéutico).

Te invito a continuación que leas de forma más extendido, ¿qué es esto del AF?:

La filosofía como “terapia del alma”

Es precisamente esta dimensión transformadora y liberadora del conocimiento filosófico la que explica por qué con tanta frecuencia la filosofía antigua se presentaba a sí misma como una terapia, en concreto, como una terapia del alma. La comparación entre la filosofía y la terapéutica médica era muy habitual en la antigüedad, muy en particular, entre las escuelas de Grecia y Roma de losperíodos helenístico e imperial. Éstas afirmaban que la filosofía operaba de un modo análogo a la ciencia médica, pues también sanaba las enfermedades humanas, en concreto, aquellas producidas por la ignorancia, por las falsas creencias. Al igual que los remedios del médico se destinaban al cuerpo, los argumentos de la filosofía se dirigían al alma. Ambos tenían la capacidad de sanar y habían de ser evaluados en función de su eficacia al respecto.
En efecto, buena parte de la filosofía antigua se concebía como una suerte terapéutica de las distintas formas de sufrimiento, esclavitud interior y enajenación que ocasionan en el ser humano sus modos errados o inauténticos de percibir y de ser, es decir, su falta de conocimiento de sí mismo y del mundo tal como es. Este talante de la filosofía antigua de Occidente es muy afín al de las grandes tradiciones orientales de filosofía sapiencial. Así, por ejemplo, un contemporáneo de Sócrates, Buda, en el otro extremo del mundo entonces conocido, concibió su filosofía como una terapéutica del sufrimiento humano que se sustentaba en cuatro principios, las denominadas “cuatro nobles verdades” del budismo, que cabría esquematizar así:
1-El ser humano sufre.
2-El sufrimiento tiene una causa.
3-Hay una vía que conduce a la liberación del sufrimiento.
4-Esta vía exige la adopción de un modo de vida, es decir, un cambio en nuestro modo de percibir y de ser.

En cierto modo, estos cuatro principios están latentes en toda filosofía sapiencial: todas

Ellas realizan un diagnóstico de la causa última del sufrimiento existencial y todas proponen una práctica conducente a su superación. Estas terapéuticas implícitas en las escuelas y tradiciones sapienciales son específicamente filosóficas pues no se orientan a aliviar el sufrimiento a toda costa (para ello bastarían unas mentiras piadosas, unas componendas míticas o cierta dosis de inconsciencia), sino únicamente a través del respeto por la realidad. Estas filosofías no entienden por sufrimiento todo tipo de dolor o esfuerzo, sino sólo el sufrimiento psicológico innecesario que roba la libertad interior y la serenidad del alma. Parten del supuesto de que el sufrimiento humano así entendido tiene su raíz en la ignorancia; de que es, por consiguiente, la señal de un alejamiento de la realidad. Por lo mismo, sostienen que la liberación radical del sufrimiento coincide con un despertar filosófico, con la apertura de la mirada interior que nos permite alcanzar una visión directa y clara de la naturaleza del sufrimiento y de la naturaleza del yo y de la realidad.

Lejos de ser una moda o una oferta más a añadir al confuso “mercado de la ‘felicidad’” contemporáneo ⎯cada vez más pujante en una sociedad crecientemente compleja y desorientada como la nuestra⎯, el asesoramiento filosófico puede tener una función protectora frente la confusión ocasionada por las modas que surgen continuamente en el ámbito de los servicios que promueven el desarrollo personal y frente a la improvisación que muchas veces conllevan estas ofertas. La misma psicología ⎯que podría parecer ajena a esta improvisación, es decir, que parecería cumplir ya esta función preventiva⎯ no deja de ser una ciencia joven que está todavía en proceso de formulación; y lo mismo cabe decir de las distintas psicoterapias: están aún iniciando su andadura. El asesoramiento filosófico cumple la función señalada en la medida en que retoma una tradición milenaria, la de los grandes “maestros de la vida”; en que se inspira y apoya en lo que ha venido descubriendo sobre el arte de vivir lo más selecto del género humano, es decir, en una sabiduría contrastada y verificada por el tiempo. Denuncia el error que supone dejar de lado este legado de sabiduría para pretender innovar permanentemente en todo lo relativo a la consecución de los fines de la vida humana. No necesitamos reinventar, en el corto espacio de una vida, lo que han descubierto las mentes y los corazones más preclaros de la humanidad. Esto no sólo resulta necio, sino peligroso; más aún, cuando disponemos de la perspectiva necesaria para depurar esas aportaciones de sus adherencias estrictamente culturales y de sus elementos caducos, extrayendo, así, lo que en ellas es válido de un modo intemporal.

Muchas situaciones y problemas que suelen ser abordados o tratados por terapias psicológicas y psiquiátricas no tienen el carácter de problemas o enfermedades psicológicas, sino que son inquietudes o sufrimientos de raíz filosófica que, por lo tanto, pueden y deben ser bordados filosóficamente. El psiquiatra Carl G. Jung tenía plena conciencia de esta realidad cuando afirmaba:

“Aproximadamente una tercera parte de los casos que trato no sufren debido a alguna neurosis clínicamente definible, sino a causa de la falta de sentido y de propósito de sus vidas”

Este último punto nos sitúa ante la cuestión de la relación existente entre el asesoramiento filosófico y las terapias psicológicas y psiquiátricas. Como ya señalamos, el asesoramiento filosófico no se opone a ellas; las complementa. A lo que sí se opone es a la generalizada tendencia a querer ver en aspectos normales de la existencia humana síntomas de trastornos psicológicos o de enfermedades mentales que requieren tratamiento clínico o farmacológico. Esta tendencia a la “patologización” del sufrimiento, relega y oculta el peso que tienen en la experiencia humana otros factores decisivos, como los históricos, culturales, sociopolíticos, económicos y, sobre todo, los filosóficos (por ejemplo, las concepciones del mundo falaces).

En palabras del asesor filosófico Ran Lahav:
“Desde hace años, conocemos esta mentalidad [el psicologismo] que pretende siempre y exclusivamente desenmascarar, que cree siempre descubrir, que siempre aspira o está pronta para hacer todo lo espiritual o creativo ‘al fin y al cabo como nada más que pura’ sexualidad o deseo de poder o cosas por el estilo […] como si, por el hecho de que en algún lugar o momento (en tiempos culturalmente críticos o en casos de neurosis) determinadas formaciones psíquicas fuesen una máscara o un medio para un fin, nada pudiese ser ya verdadero, original, inmediato […] Dado que la angustia puede ser provocada por factores sexuales inconscientes o por ‘tendencias a la seguridad’, ¿significa que no existe la angustia por antonomasia, que la angustia frente a la vida o a la muerte, o el tormento de la conciencia no deberían existir? Dado que para el artista el arte representa con frecuencia una fuga de la realidad o de la sexualidad, ¿quiere eso acaso decir que toda expresión artística no significa en sustancia más que eso?”.
La psicología no degenera en psicologismo cuando reconoce y respeta la totalidad del ser humano (cuando no lo clausura en sus aspectos biológicos y psíquicos), así como la especificidad de cada una de sus dimensiones, y cuando admite, paralelamente, que toda psicoterapia presupone un fundamento filosófico: una determinada concepción del ser humano y del mundo. Algunos desarrollos de la psicología no reconocen este fundamento y no incorporan, por ello, una reflexión explícita sobre la concepción del ser humano que los sustenta. Cuando sucede así, sus filosofías latentes serán necesariamente deficientes, y su alcance como psicoterapias, superficial. Ahora bien, son muchas las escuelas psicológicas que sí han reflexionado sobre su trasfondo filosófico y que reconocen, además, la importancia decisiva de la filosofía en lo que a la consecución de su objetivo se refiere: la comprensión de las conductas y vivencias humanas y el fomento de la salud anímica de las personas. La psicología, de hecho, ha acudido con frecuencia a lo largo de su breve historia a la filosofía. En concreto, cuando ha reconocido que el ser humano sólo alcanza su plenitud y equilibrio a través del conocimiento, no meramente teórico sino vivencial, de su naturaleza profunda, de las necesidades que de ella se derivan y de su lugar y función en el cosmos (cuestiones, todas éstas, filosóficas). También cuando ha advertido que factores específicamente filosóficos, como la visión del mundo del consultante y el modo en que éste interpreta, significa y valora lo que le sucede, tienen una influencia determinante en el modo en que se siente y actúa. Psicoterapias como la terapia centrada en el cliente y otras terapias humanistas, la terapia racional emotiva, la psicoterapia cognitiva o el análisis existencial son ejemplos de desarrollos de la psicología que, no sólo han reconocido la importancia de la filosofía, sino que, más aún, han incorporado abiertamente la reflexión filosófica como un elemento decisivo de sus terapias y han utilizado aproximaciones y métodos específicamente filosóficos.

Es interesante reseñar que aquellas psicoterapias que parten del supuesto de que las ideas que el cliente tiene sobre sí mismo y sobre la realidad están en la raíz de una buena parte de sus conflictos psicológicos, han evidenciado en la práctica ser particularmente eficaces. Esto que no hace más que ratificar la importancia de la cooperación y del mutuo enriquecimiento entre psicología y filosofía.

 

– Extracto de «Maestros de Vida”, Mónica Cavallé –
¿Puede considerarse el asesoramiento filosófico como una forma de terapia?

El asesoramiento filosófico se aparta de la categoría de terapia en un sentido estricto por varias razones fundamentales. En primer lugar, no se centra en la noción de enfermedad ni aborda patologías específicas. El asesor filosófico no realiza diagnósticos basados en una definición preestablecida de la normalidad psicológica a partir de síntomas, ni propone tratamientos como parte de su práctica. Además, el diálogo filosófico no está subordinado a la búsqueda de «salud» como un medio para un fin; más bien, es auténtico cuando se convierte en un fin en sí mismo, impulsado por el amor a la verdad, y no simplemente como un medio para superar problemas.

 

El asesoramiento filosófico no se ajusta a la definición estricta de terapia, ya que no concluye cuando el malestar o el sufrimiento del consultante alcanzan un nivel socialmente aceptable. Por el contrario, la verdadera eficacia se manifiesta cuando los conflictos del consultante se apaciguan, ya que en ese momento experimenta una mayor libertad interior y objetividad para la exploración filosófica. Esta actividad no tiene un final definido, sino que invita a avanzar continuamente en la dirección de vivir con mayor conciencia y libertad.

A pesar de no ser considerado una terapia en el sentido estricto, el asesoramiento filosófico indudablemente posee una dimensión y un efecto terapéuticos. Muchas personas afirman haber superado dificultades mediante este enfoque, cuando previamente habían recurrido sin éxito a tratamientos psicológicos o psiquiátricos.

El término «terapia» puede aplicarse al asesoramiento filosófico si nos remitimos al sentido original del término «therapeuein», que implica cuidar, atender y servir. También podría interpretarse metafóricamente, como lo hacían los antiguos al referirse a la actividad filosófica como garante por excelencia de la salud del alma. Esta analogía sugiere que el profundo conocimiento de la realidad y de uno mismo, inherente a la filosofía, siempre tiene un efecto transformador y liberador.

Nos leemos en la próxima carta.

Sigo recibiendo vuestras respuestas, reflexiones y comentarios con mucho entusiasmo y fuente de inspiración, no dejes de hacerlo.

 

Te dejo unas preguntas por si quieres reflexionar o contestar alguna, respondiendo a este mismo mail:
– ¿Son las prioridades en tu vida una forma de tomar responsabilidad, o “no tengo tiempo” es una forma habitual de excusar las cosas que no realizas? ¿Cómo te sientes respecto a ello.

– ¿Cómo repercute y te ayuda conocer más sobre la filosofía experiencial en tu cotidianidad? ¿de qué forma práctica tienen un efecto y te sirven estas cartas?

 

Para sesiones de Asesoramiento filosófico individual escribe a info@elreinodenita.com o contesta a este mismo mail.

Un sentido y gran abrazo desde el trópico.

X