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Una de las formas de conexión más potentes es contar nuestras historias. 

 

Lxs que leéis mis cartas, newsletter o me seguís desde hace años, sabéis que no evado meterme en lo que algunx llamaría “berenjenales” sino que a menudo me tiro de cabeza.

 

Hoy quiero hablar de los

Y si…

 

Los «y si» nos apartan del camino verdadero. Básicamente nos distraen en escenarios imaginarios que jamás sucederán. Con lo que es un mecanismo de evasión de la realidad. Es un delatador de que no estamos en la presencia, porque no nos gusta lo que está ocurriendo  y nos cuesta aceptar lo que estamos transitando.

 

Recientemente he vivido una situación, en la que voluntaria y conscientemente me expuse sin saber qué ocurriría y he podido confirmar lo que os relataré a continuación.

 

Primero quiero que te transportes a esa vez, ya sea hoy mismo o hace un tiempo, en la que has escogido vivir algo, que decidiste tú, por el motivo  que sea, y luego te has preguntado:

¿Y si lo hubiese dejado antes con esta persona (ese ex) que vida tendría ahora…

Y si… hubiese dicho NO a este viaje que terminó siendo un aparente desastre con esta persona, qué hubiese estado haciendo…

Y si hubiese dicho sí a este trabajo…

Y si lo hubiese intentado en esta relación y no me hubiese rendido…

Y si no hubiese abortado…

Y si hubiese ayudado a esta persona..

y si no hubiese sido madre/padre..

y si no hubiese sido infiel

y si no hubiese muerto esta persona

y si hubiese dedicado más atención

Y si …. Miles de escenarios que no han existido ni existirán.

 

Los «Y si» están empapados de arrepentimiento y de una mirada no realista al pasado.

 

Esta experiencia constató que retener y no dar, esto es lo que ocasiona más dolor. Hay un dar que no es genuino, es un dar con condiciones.

En ese dar hay escondido un vacío que infructuosamente quiero llenar con el amor de los demás.

El cuál resulta insaciable.

 

Cuando damos y esperamos, cuando reprochamos lo que hemos dado, podemos experimentar lo que no es amor. 

Es exigencia y necesidad del otro para sentirme amado, con lo que no te doy de forma desinteresada sino con condiciones.

 

Estas condiciones pueden aparecer a priori genuinas. Con “una falsa amabilidad” y “buenismos” que como no son genuinos darán lugar más tarde cuando no se han cumplido las expectativas a un:

“Te enumero todo lo que he hecho por ti y como me siento al no recibir lo que espero de ti”

“Mira todo lo que he hecho, y tú no has estado a la altura”

“Doy más de lo que recibo»

 

Quizás te has sentido en ambas partes de la ecuación, la que reprocha y la reprochada.

 

Yo desde luego que sí, en distintos momentos vitales y relaciones. Sin embargo, en esta experiencia no fue así para mí, no lo viví desde ningún lugar binario en la profundidad, ni acogía el reproche del otro ni reprochaba nada; pero sí que la otra persona lo vivió así y me di la oportunidad de observarlo desde la butaca viendo la obra representada.

Es decir, tomé responsabilidad de mi parte, de lo que me pertenece y está en mi mano.

 

No desde un lugar de superioridad, al contrario, sino de ver la realidad como es. De poder ver su personaje y el mío interactuando.

Mi personaje visto desde fuera podría parecer que actuaba desde la superioridad. En realidad, era una fachada de la lo abrumada que me sentía.

Cuanto más exigía (de forma a ves más sutil) y esperaba la otra persona de mí, más muros construía yo, más frialdad había en mi interacción y más independencia anhelaba. También más rechazo me generaba compartir tiempo  y espacio con esa persona.

 

Conversé y expresé mi sentir aún así no había entendimiento, con lo que finalmente establecí un límite firme y expresé lo que quería e iba a hacer: necesito espacio vital. Así que o te vas tú o me voy yo. Esto no significa un fin de esta interacción o vínculo pero sí de la forma que tú esperas.

 

Me encantaría decir que esto se recibió bien. Pero no fue así. Y aquí es donde entra la idealización en juego claramente.

 

Por otro lado, fue una ocasión nueva para actuar asumiendo que está en nuestra mano y que no, esta sabiduría estoica que no ha de quedarse en mera teoría sino que es una herramienta brutal que nos ayuda a poner en perspectiva y a volver a nuestro centro.

¿Qué estaba en mi mano?

En mi mano está; irme o quedarme. Comunicarme o callar. Esta el seguir mi sentir y no tomar como propio el sentir del otro.

No complacer al otro por miedo “a no gustar”, “a hacerle daño, dañándome a mí”, “ a quedarme solx» porque eso me drenará y enfermará.

También está en mi mano respetar al otro en su proceso. No esperar que vea lo que yo estoy viendo.  Comprender que su contexto y el mío son distintos. Y entender su sentir pero sin hacerlo mío, sencillamente honrándolo; lo cuál no significa ni que lo justifique ni que lo aplauda, sino que legitimo su sentir no necesariamente su comportamiento.

 

¿qué no está en mi mano?

Que la otra persona actúe como actúe.

 

Claro que arrastramos heridas emocionales de la infancia, y que en unos casos es más complicado el camino a ese amor y comprensión que en otros casos.

Sin embargo lo que nos daña “hoy”y en cada momento presente no es la acción que tuvieron otros en el pasado, sino la respuesta que dimos en ese momento creyendo que podríamos haberlo hecho mejor, la interpretación que se dio y que permanece hasta el día de hoy como si estuviese ocurriendo esa misma acción. Cuando hoy no somos lo que fuimos. 

 

Quizás hoy lo harías distinto, ¡estupendo! Quizás no. La realidad, es que esto no es tan importante. Es más útil aceptar lo que hicimos, tomar responsabilidad de lo que ocurrió y trabajarse y observar en este momento que puedo cultivar en mi presente activamente.

 

Preguntarnos y observar puede resultar en un cambio de percepción de la realidad:

¿se mantiene en nosotros como un hábito estas formas de reproche o de huída? ¿Es Una pauta instalada y mecanismo?; si nos está Contrayendo el corazón, definitivamente ahí tenemos una (gran) pista.

 

Si esto es así,  estaré situando las claves de mi felicidad en manos ajenas, creyendo erróneamente que depende de los aciertos o errores de los demás.

 

Amar, y esto es aliviador porque depende de ti exclusivamente, es un ejercicio en el presente.

 

Con lo que los «Y si” nos pueden sirven para escenarios en todo caso desde el presente: ¿y si me voy  a este lugar cómo haré esto? y si me abro a esta oportunidad? ¿y si digo Sí a la vida ahora?

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